24 de julio de 2026
Literatura infantil y juvenil: las palabras importan
Hablamos todo el día: de la vida, de las vacaciones, del trabajo, de las criaturas, de nuestras opiniones…. Y los y las peques nos escuchan y toman nota; interpretan con ayuda de su experiencia del mundo (a menudo corta) y recuerdan aspectos de las conversaciones a las que quizá las personas adultas no demos demasiada importancia; pero la tienen.
Las criaturas empiezan a experimentar el mundo a través de sus cuerpos, sus manos, sus sentidos y, poco a poco, los mecanismos para entender van siendo menos manipulativos y más relacionados con el pensamiento, con la imaginación o con la mente, como queramos llamarlo.
Escuchan, hablan, piensan, recuerdan, expresan… el lenguaje del pensamiento y el lenguaje para la comunicación diaria se convierten en las herramientas para conocer el mundo.
Literatura Infantil
Aquí es donde entra la literatura infantil, los libros infantiles, los personajes dirigidos a la infancia y a la juventud. A través de estos, las criaturas experimentan este y otros mundos: este mundo en la literatura más realista como Miss Charity, y otros mundos posibles o imaginarios en los libros fantásticos como El castillo de la magia enmarañada. En todos ellos es el lenguaje el que los conduce a esos mundos.
Como bien sabemos, no es lo mismo decir las cosas de una manera o de otra. Puedo responder a alguien que me ofrezca probar su helado: “No, gracias” o “¡No! ¡No me apetece comer cosas chupadas!”…. Con ninguna de las dos fórmulas mentimos; son dos maneras de rechazar el ofrecimiento, pero la primera quiere transmitir una negativa serena y directa mientras que la segunda da más información y pone el acento en la parte negativa del ofrecimiento. En este y otros muchos ejemplos a lo largo del día, podemos ver que las palabras importan.
Al principio de Las marionetas del Capitán Spelhorst podemos leer:
El rey y la loba y la chica y el chico y la lechuza estaban revueltos en el fondo de un baúl en el que se leía: SPELHORST, escrito sobre la tapa y en los costados. El rey y la loba y la chica y el chico y la lechuza eran marionetas y esperaban a que empezase una historia.
Este fragmento podría haberse escrito de una manera mucho más clara, por ejemplo:
Había un baúl en el que ponía Spelhorst y dentro había cinco marionetas: un rey, una chica, un chico, una loba y una lechuza.
¿Son distintos estos fragmentos? Claro, pero vienen a hacer lo mismo: presentar el baúl con las marionetas. Sin embargo, ¿con cuál de ellos nos quedamos esperando a que estas se levanten e inicien una aventura? Pues sí, con el primero. En el primer fragmento se repite, (en principio, innecesariamente) quiénes son las marionetas y se las dota de voluntad porque están esperando a que empiece una historia, es decir, ¡piensan!
Con este ejemplo sencillo vemos cómo un lenguaje cuidado, pensado y dispuesto de una manera determinada, da un mensaje mucho más emocionante que la mera presencia del baúl con las marionetas. A esto nos referimos con eso de que no dan igual las palabras.
No da igual
Las palabras elegidas en los libros infantiles, las descripciones, el orden de los hechos, la forma de los personajes y, con todo ello, las ilustraciones en caso de haberlas (esto daría para otra entrada), van ofreciendo a la chavalería otra forma de entender el lenguaje, de construir las historias, distintas maneras de comunicar… Un libro con un lenguaje cuidado puede no ser tan directo pero transmite más información y de manera más intensa o con una intención que nos transporta a la aventura, a la acción.
¿Tiene que ser complicada la literatura infantil? No, pero tampoco simple y práctica como la lista de la compra. No debemos minusvalorar la capacidad de la infancia para interpretar hechos y palabras.
Propongo un experimento: coge un libro de tu hija o de tu hijo. Lee el principio. Intenta decir lo mismo con otras palabras… ¿Se puede decir lo mismo de manera que las palabras nos guíen hacia la historia sin contarnos todo, sutilmente? Quizá ya lo hacen y a ti solo se te ocurre una manera práctica de transmitir lo mismo… claro, eso es porque no te dedicas a la escritura, probablemente. La próxima vez que compres o regales un libro infantil a criaturas o a adolescentes, haz este experimento.
Un juego
La riqueza en el lenguaje, la capacidad de transmitir emociones y hacer entrar en la historia al lector o lectora no son cuestiones prácticas o que se consiguen con recetas. Huyamos de recetas, busquemos mensajes más allá de las palabras, encontremos el juego del lenguaje en la literatura infantil y juvenil, porque eso es la literatura: un juego.
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