10 de diciembre de 2024

Cuentos tradicionales, cuentos de hoy

Cuentos tradicionales

Como dice la canción de los Celtas: “cuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama y tengo dulces sueños”… O no… porque hay que reconocer que los cuentos tradicionales son, por lo general, bastante tremendos, por decirlo suave: alguien se come a alguien, alguien dispara a alguien, alguien abre la barriga de alguien para sacar al que se ha comido, alguien abandona a sus hijos, alguien engorda a un niño para comérselo… no suena muy tierno o educativo, ¿no?
Bueno, no nos suena así hoy en día pero en los siglos XVII y XVIII, todas estas situaciones que hoy nos suenan a relato de terror, a la sociedad le parecían de lo más pedagógicas.
Yo decidí no contarle a mi hijo todas estas barbaridades y, ¿sabéis lo que ha pasado? Que mi hijo se sabe todos los cuentos tradicionales al igual que la mayoría de las criaturas de su edad: Caperucita Roja, Blancanieves, Cenicienta, El Patito feo…. ¿Cómo es posible si en casa no los hemos visto? Pues porque están en nuestro contexto cultural, forman parte del día a día de colegios, dibujos animados, imágenes en ropa, ilustraciones, juguetes, carteles publicitarios y cualquier elemento que, sin querer o queriendo, forma parte de la vida social de las criaturas.

Cuentos de hoy

¿Y qué hacemos con esos terribles relatos? Pues aceptar de dónde viene la tradición literaria occidental (en la que estamos inmersas), en lugar de dulcificar, como han hecho innumerables películas; y evolucionar hacia donde nos gustaría que siguiera la literatura infantil, porque las personas que leemos decidimos qué queremos leer. Habrá que preguntarse: ¿Qué queremos para las criaturas? ¿Que vivan en una sociedad mejor? ¿Que puedan crear libremente? ¿Que conozcan otras vidas? ¿Que aprendan cosas de su entorno? ¿Que se sientan seguras de sí mismas? ¿Que se comuniquen con naturalidad? ¿que escuchen a otras personas? Pues los cuentos o historias que les contamos o les ofrecemos tienen que ver con esto. Cuentos más abiertos, más complejos, más imaginativos o realistas, cuentos con ilustraciones imperfectas, con colores coherentes con la narración (o todo lo contrario).
Muchos cuentos de hoy no tienen que ver con los cuentos tradicionales pero a la vez beben de ellos. Menos mal que ya no siempre las brujas son terribles, no hay tantos príncipes y el patito no es ni feo ni bonito sino patito.

(Imagen tomada de: Lecaye y Majewski, Palabras pintadas, Ed. Libros del zorro rojo)

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