20 de noviembre de 2024
Y tú, ¿qué cuentas?
Los seres humanos contamos cuentos, historias, relatos, narraciones, chistes, leyendas… pero, ¿cuáles? ¿De dónde salen? ¿Cómo llegan hasta nuestros oídos y hasta los de las criaturas a las que acompañamos?
Mi madre siempre me ha contado curiosas anécdotas que ocurrían en su pueblo. Mi abuelo me cantaba zarzuela…eran (y son) sus historias.
De pequeña, en el cole, había un libro que no era un libro de texto sino de relatos, era el que llamábamos libro de lectura. Recuerdo también cuando mi profesora nos contaba sus viajes por el mundo, al volver de vacaciones, y la emoción que estos viajes imaginarios por diferentes países provocaban en mí. Otra historia, que permanece en mi memoria con cariño, es la que narraba un libro impreso a dos colores que leí con avidez: La historia interminable, de Michael Ende; un color representaba la realidad del niño que narraba y otro la fantasía donde el protagonista se adentraba.
Somos recolectores de historias.
A veces no damos importancia a esos relatos que se nos ocurren así, espontáneamente, pero son una fuente de experiencias para quienes nos rodean, especialmente para las niñas y los niños que encuentran en ellos emociones, diversión, identidad o nuevas palabras para nombrar el mundo. Lo que decimos importa.
Cuando entramos en una librería o en una biblioteca, ¿qué historias escogemos? ¿Las que están más a mano? ¿Las que tienen imágenes llamativas? ¿Las que tienen un título impactante? ¿Las que «están de moda»? Hay muchos criterios para elegir una historia pero, antes de hacerlo, debemos plantearnos varias cuestiones:
• ¿Quién la va a leer?
• ¿Qué cosas atraen a la persona que leerá o jugará con esa historia? ¿Cuáles son sus gustos?
• ¿Cómo se leerá? ¿en soledad o varias personas juntas?
• ¿En qué momento de su desarrollo emocional, social, cognitivo o físico se encuentra?
• ¿Servirá la historia para ayudar a afrontar un momento importante de la vida?
Cuando hablamos de la infancia, estas preguntas toman una especial relevancia y las personas que acompañamos a las criaturas tenemos un papel: el papel de mediadores.
Siempre bajo el paraguas del respeto y del cariño, las personas adultas acompañamos a las criaturas en su descubrimiento del mundo; también de los mundos literarios.
Reguemos y cuidemos las semillas de la fantasía para los pequeños recolectores de historias.
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