27 de diciembre de 2024

«Leer con», «leer para», «leer por»

«Lo imposible es una provincia de lo posible». Belén Gopegui

«Leer con»

Seguro que muchas noches habéis leído historias con las criaturas, en la cama. En la infancia, leer con los hijos e hijas se convierte en una actividad habitual en la que establecemos una comunicación distinta, especial. No se trata ya de una comunicación práctica del tipo “¿guardas los juguetes?”, “¿preparamos la mochila?”, “¿Qué hay hoy de comida?”, sino que tratamos de llegar a la mente y el corazón de las criaturas con el idioma de la imaginación; y, por lo general, da resultado. Bien porque se establece una escucha intensa que en otros momentos parece difícil, bien porque el o la peque nos piden que repitamos la historia, bien porque se generan preguntas en torno a la lectura que de otra forma podrían no llegar. “LEER CON”, da igual el momento del día, se convierte entonces en una puerta, una puerta que comunica la realidad con la fantasía, la mamá con el hijo, la adultez con la infancia, lo cotidiano con lo extraordinario. “LEER CON” invita a abrir esa puerta que, a veces es una puerta en un árbol. ¿Podéis esperar a la noche para abrirla?

«Leer para»

Hay personas que no pueden leer. Para ellas, la puerta en el árbol tiene otras llaves. Pero, ¿deben entonces excluir la lectura de las actividades de su vida? La respuesta es no. Prueba a sentarte al lado de una persona que no puede leer, prueba a darle a elegir entre diferentes libros (más grandes, más pequeños, más ilustrados o menos, con historias fantásticas o realistas…); coge el libro elegido y comienza a leer en voz alta junto a la persona que, en este caso, hará de receptor. Para la persona que escucha, puede ser un placer enorme escuchar la voz de alguien que lee pausadamente, oír palabras que riman o que narran, releer a través de otros historias que en otro momento pudieron leer por sí mismas, puede generar emociones y momentos de abstracción y disfrute. “LEER PARA” es otra manera de leer, adaptando la comunicación a la diversidad de las personas.

«Leer por»

Leer un manifiesto por una causa, leer un prospecto por una enfermedad, leer un libro porque lo proponen en el cole, leer la traducción de la letra de una canción porque no nos enteramos de lo que dice… hay muchos motivos para leer, en todo momento, todos los días. Pero vengo a proponeros un motivo revolucionario, una motivación extraordinaria y posiblemente poco frecuente; una causa que no sabemos qué consecuencias puede acarrear. ¿Y si no hubiera motivos didácticos para leer? ¿Y si dejamos de rebuscar motivos? ¿Y si hay actividades en este mundo que encuentran su sentido en ellas mismas? Ahí va mi sencilla y revolucionaria propuesta: LEER POR LEER.

 

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